| 05 January 2010
En las dunas de Cabopino existe una importante actividad sexsual, basta fijarte un poco y puedes ver como, entre sus dunas, pasean constantemente hombres solos, generalmente y masajistas orientales. Entre los hombres solos hay mucho mirón y mucho homosexual, habiendo mirones que se te ponen justo delante de vosotros a satirear a tu pareja, lo que llega a molestar.
A lo que vamos, un día de playa algo picanton que nos llevó a precipitar el fin de la jornada playera, para finalizarla dando rienda suelta a nuestra fogosidad. Antes de salir, una ducha en el chiringuito y vi como mi mujer, que normalmente evita lucirse, se regodeaba más de la cuenta en la ducha, con la clara intención de calentarme aún más. Cuando al fin terminó, no se secó ni se vistió y pretendía ir en bolas hasta los aparcamientos, atravesando así las dunas y toda la multitud de mirones. Cuando llegamos al aparcamiento, comenzamos a vestirnos y observamos que entre los pinos había un pajillero. Mi mujer observó que la tenía blandengue y me preguntó si se la poníamos dura. Se desnudó de cintura para arriba y comencé a comerle sus tetas, cuando el pajillero ya estaba junto a la ventanilla de mi mujer, la cual se bajó las braguitas del bikini y comenceá a pajearla mientras gemía de placer. El pajillero tardó 2 segundos en correrse y a mi me han quedado unas palpitaciones de excitación cada vez que me acuerdo de esos momentos. Desde entonces he intentado repetir la situación, pero no se han cruzado los astros o mi mujer no estaba igual de caliente, quie sabe. Swinger
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